En la clase de música

Publicado por Cecilia en

Entonces la tercera del segundo grado se liga a la séptima del dominante que resuelve en la tercera de la tónica, dice el profesor J.R.. al frente de su clase, muy ufanamente parado sobre un pedestal que él mismo inventó. Saca el pecho hacia afuera con aire orgulloso, junta los omóplatos y parece un pavo real ostentando sus plumas, plumas que están particularmente hechas de un pomposo título universitario de profesor en “composición musical” y “licenciado con especialización en el tratamiento del contrapunto dentro de la armonía clásica y contemporánea (su palabra favorita)”. Maestría en qué se yo y qué se cuánto y muchos otros  papelitos de colores que adornan, orgullosos y triunfantes, las paredes de su casa.

(Digo yo, ¿no hubiera sido más práctico elegir un bonito empapelado en vez de perder tanto tiempo en coleccionar títulos con fines decorativos? ¿No hubiera sido más provechoso invertir todas esas horas en algo más importante como, qué se yo, tocar el piano, vivir la vida, jugar con sus hijos?)

(Lucas está ocupado en esos pensamientos, su mente vuela, divaga, pero su semblante es el del alumno ejemplar, que presta mucha atención al pavo real enfrente de él, ufano en su pedestal, ¿y qué harán los chicos el fin de semana? Habría que hablar con el Chino para hacer un asadito en su casa y probar su nuevo Steinway, eficiencia alemana a la orden del día, y además invitar a…)

Y ahora vamos a cantar las líneas del contrapunto, empezando por la soprano, a veeeeer…González, pase al frente por favor.

(Qué hijo de su madre, eligió a la más calladita y  vulnerable de todas, piensa Lucas mientras sus ojos juegan su papel ya predeterminado, de alumno atento, devoto a su profesor como debe ser, un niño bueno que siempre hace la tarea y la manzanita al colegio y seño, ¿puedo borrar el pizarrón?)

El eximio actor Lucas con su mirada atenta en el ex-simio profesor, que se prepara para exhibir sus plumas en alto esplendor, con sus brillantes colores hechos de papelitos  que a su vez están hechos de brillantina, decoración de lujo que solo importa en este confín remoto del planeta tierra, (rincón olvidado del globo terráqueo, piensa Lucas), pero eso sí muy importantes porque emitidos por la prestigiosísima, excelentí-si-sísima “Universidad nacional de S.”

Y González ya está al frente de la clase (pobrecita), el pavo real que ya no es tal, sino que ahora es ave rapaz, águila astuta al acecho de su presa, sobrevolándola en círculos, mientras en el auditorio todos los alumnos sentados, testigos inmutables de la cacería, entre los cuales no hay más atento y más aplicado que Lucas, el orgullo del profesor, alumno ejemplar sentado en primera fila y con ojos fijos adelante.

La melodía comienza en mi, su dedo cae pesado sobre la pobre nota entre fa y mi bemol.
González entonces, tímidamente: paaaaaa-paaaaaa.
No, no, no, no (cola de pavo real), usted está cantando una tercera y el primer intervalo es una segunda mayor, así, mi, fa (fa sostenido, piensa Lucas), golpea el piano inclementemente.
El pavo real-águila mira fijamente a su presa, no la piensa dejar escapar.

¡A ver!, con aire indignado (¿por qué se enojará tanto?), ¡vamos otra vez! (después de todo es su trabajo, ¿no?).
Los ojos de González brillan ligeramente, su garganta se cierra, Lucas mira atento, el águila a punto de lanzarse sobre su presa, la cual no puede hacer más que emitir un sonido muy extraño que termina quebrándose en el aire tenso de la sala.

¿Y qué pasó?, ¿por qué no canta? E-e-e-es queee…¿Qué? ¡No escucho! Eeeeehhhh…..A ver, Lucas (¿me habla a mí?, ¿ahora que quiere este viejo loco?), por favor, cante la melodía de la soprano, en su octava por supuesto.

Y llegó la oportunidad que tanto esperaba Lucas, al fin su representación estará completa, su rol de niño bueno e intachable en su grandiosa presentación final, el orgullo del profesor canta la melodía, su performance es impecable en frente de la clase, de González y de J.R.

Por favor González, siéntese, el águila finalmente se lanza en picada, garras abiertas, fuertes, aterradoras, mirada fija en un solo punto:

Ah, y por favor, repiense la elección de su carrera.

¡Zaz!, la presa ya está en  manos de su depredador, ojos  cada vez más brillosos, (otra vez lo mismo piensa Lucas) sueños e ilusiones aplastados, (y quizás pueda invitar a Rosa y a la Mari, y a Jorge también, habría que preguntar al Chino porque la casa no es muy grande).

González se sienta.

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